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Registro de propiedad intelectual título de propiedad de marca número 3415826 la resolución I.N.P.I. N° P-275/2019 que modifica la resolución I.N.P.I. N° P -123/1 en concordancia con la ley de firma digital nº 25.506.

ISSN 2796-9738

Redes sociales y entornos digitales. Viabilidad política de las normas de restricción/prohibición

Por: Mariana Schenone - Mg en política educativa UTDT – Lic. en Psicopedagogía USAL- Prof Asociada FCSEC/USAL - Tramared

Resumen ejecutivo
El acceso de niños, niñas y adolescentes a entornos digitales, redes sociales, celulares y tecnologías inmersivas se ha convertido en una de las discusiones centrales de la agenda educativa contemporánea. El debate ya no puede reducirse a la pregunta “prohibir o permitir”, ni limitarse a la distracción escolar. La evidencia muestra que el problema involucra salud mental, convivencia, autoridad adulta, derecho al aprendizaje, protección de datos, ciudadanía digital, regulación de plataformas y bienestar subjetivo.
Desde una mirada MAPEA / Tramared, el problema no es solamente tecnológico. Es pedagógico, institucional, vincular, sanitario y político. Las tecnologías digitales modifican las condiciones de atención, las formas de socialización, los modos de exposición pública y los vínculos entre estudiantes, familias, docentes y escuelas. Por eso, la política educativa no puede responder únicamente con normas restrictivas, aunque estas puedan ser necesarias en determinados contextos.
La conclusión central es que regular puede ser necesario, pero educar, acompañar y monitorear es indispensable. La política más sólida no es aquella que simplemente retira dispositivos o bloquea accesos, sino la que construye una gobernanza pública del bienestar digital: reglas claras, ciudadanía digital obligatoria, formación y acompañamiento docente, corresponsabilidad familiar, diseño seguro de plataformas, protección de datos, prevención del ciberacoso y producción sostenida de evidencia.

Datos relevantes

La evidencia internacional muestra un crecimiento sostenido de comportamientos problemáticos asociados al uso intensivo de entornos digitales. Según datos del estudio HBSC de la OMS utilizados por la OCDE, entre 2017-18 y 2021-22 las tasas promedio de uso problemático de redes sociales aumentaron un 49%, mientras que la victimización por ciberacoso creció un 26% y la perpetración de ciberacoso un 25%. Los datos cubren 44 países y regiones, incluidos 28 países de la OCDE. 
Las diferencias entre países son significativas. En 2021-22, la prevalencia de víctimas de ciberacoso entre niños fue de 6% en España y llegó al 32% en Lituania. En el caso del uso problemático de redes sociales, la prevalencia osciló entre 4% entre niños en Países Bajos y 25% entre niñas en Rumania. 
El género aparece como una dimensión crítica. Las niñas presentan mayores niveles de victimización por ciberacoso y mayores tasas de uso problemático de redes sociales. En 2021-22, la tasa de niñas identificadas como usuarias problemáticas de redes sociales fue significativamente más alta que la de los niños en casi el 80% de los países y regiones analizados. Además, la brecha de género se amplió: pasó de 1,5 puntos porcentuales en 2017-18 a 5 puntos porcentuales en 2021-22. 
La edad también incide. Entre las niñas, la prevalencia del uso problemático de redes sociales aumentó del 5% a los 11 años al 10% a los 15 años; en los varones, el porcentaje se mantuvo relativamente estable, entre 6% y 7%. 
El ciberacoso presenta una distribución diferencial por género: las niñas son más frecuentemente víctimas, mientras que los varones tienen mayor probabilidad de ejercerlo. En promedio, el 14% de los varones de 11, 13 y 15 años informó haber acosado cibernéticamente a otros al menos una vez en los últimos meses, frente al 9% de las niñas. En Australia, los datos de denuncias de 2021-22 mostraron que el 63,1% correspondía a niñas víctimas de ciberacoso y el 31,8% a niños. 
En relación con el uso escolar de dispositivos, el informe MAPEA sobre celulares destaca que, en Argentina, según PISA 2022, el 54% de los estudiantes de 15 años declaró distraerse con dispositivos digitales en clase y el 46% afirmó distraerse por el uso que hacen sus compañeros. Esto ubica a la Argentina entre los niveles más altos de distracción reportados en los países participantes. (Argentinos por la educación, 2024)
La regulación internacional también se aceleró. El informe sobre redes sociales y autoridad escolar señala que, mientras a fines de 2023 solo un país miembro o candidato a la OCDE consideraba restricciones de edad para redes sociales, hacia abril de 2026 ya eran 25 los países con leyes aprobadas o en discusión. La mayoría converge en edades mínimas de acceso entre los 15 y 16 años, con Australia como referencia al establecer los 16 años como umbral regulatorio. 

Puntos clave a tener en cuenta

El primer punto clave es que los entornos digitales no son neutros. Su diseño incide en la atención, la interacción, la exposición pública, la comparación social y la autorregulación emocional. Las plataformas están organizadas para captar tiempo, sostener conexión, producir recompensas inmediatas y orientar la conducta mediante algoritmos.
El segundo punto clave es que el problema no es solo la cantidad de tiempo en pantalla. El informe de la OCDE advierte que el impacto depende del tipo de uso, del contenido consumido, de las vulnerabilidades previas, del contexto socioeconómico, del acompañamiento adulto y del diseño de las plataformas. El uso moderado puede ser beneficioso, pero el uso excesivo o problemático se asocia con ansiedad, aislamiento, deterioro del sueño, dificultades de atención y menor bienestar. 
El tercer punto clave es que la salud mental debe ser considerada una dimensión de la calidad educativa. No se trata de un tema externo a la escuela. Afecta la atención, la convivencia, la autoridad docente, la regulación emocional, los vínculos entre pares, el clima institucional y las condiciones reales para aprender. 
El cuarto punto clave es que las niñas y adolescentes mujeres constituyen un grupo especialmente vulnerable. La evidencia muestra mayor exposición a ciberacoso, mayor uso problemático de redes sociales y mayor afectación por dinámicas de comparación social, validación permanente, presión estética y exposición pública.
El quinto punto clave es que la autoridad escolar está tensionada por conflictos digitales que exceden el tiempo y el espacio escolar. Situaciones que se originan en redes sociales durante la noche pueden continuar al día siguiente en el aula, afectar la convivencia y exigir respuestas institucionales. Esto vuelve insuficiente una respuesta disciplinaria tradicional centrada solo en lo que ocurre dentro del edificio escolar. 
El sexto punto clave es que las restricciones o prohibiciones pueden ordenar, pero no resuelven por sí solas el problema. La evidencia sobre prohibición de celulares muestra que las restricciones reducen el uso del dispositivo durante la jornada escolar, pero los efectos sobre aprendizaje, bienestar y ciberacoso son heterogéneos y no automáticos. 
El séptimo punto clave es que la verificación de edad presenta dilemas técnicos, jurídicos y éticos. Puede ser necesaria para ciertas políticas, pero si está mal diseñada puede generar riesgos sobre privacidad, protección de datos, libertad de expresión, inclusión digital y seguridad de la información. 

Hallazgos principales

El primer hallazgo es que la agenda regulatoria llegó tarde, pero avanza rápidamente. Las redes sociales forman parte de la vida infantil y adolescente desde hace casi dos décadas, mientras que las respuestas estatales comienzan a consolidarse recién en los últimos años. La aceleración normativa expresa una preocupación legítima, pero también el riesgo de respuestas fragmentadas o poco articuladas. 
El segundo hallazgo es que los comportamientos negativos en entornos digitales están aumentando. El crecimiento del uso problemático de redes sociales, la victimización por ciberacoso y la perpetración de ciberacoso muestra que no se trata de episodios aislados, sino de una transformación en las formas de interacción juvenil. 
El tercer hallazgo es que las niñas son afectadas de manera desproporcionada. La evidencia muestra una brecha creciente en uso problemático de redes sociales y mayores niveles de victimización por ciberacoso. Esto exige políticas con perspectiva de género, no solo medidas generales de restricción.
El cuarto hallazgo es que la escuela queda ubicada en el centro de una tensión que no puede resolver sola. Se le exige regular efectos producidos por plataformas, algoritmos, mercados digitales, hábitos familiares y culturas juveniles que exceden su capacidad institucional. Por eso, la respuesta debe involucrar al Estado, las familias, las empresas tecnológicas, los sistemas de salud y las comunidades educativas. 
El quinto hallazgo es que la prohibición puede tener valor como señal normativa, pero es insuficiente como política integral. Puede reducir el uso, ordenar la vida escolar o proteger tiempos de clase, pero necesita estar acompañada por educación digital, formación docente, monitoreo, acuerdos institucionales y regulación de plataformas. 
El sexto hallazgo es que el bienestar digital requiere capacidades institucionales. No alcanza con dictar una norma; las escuelas necesitan criterios comunes, recursos, formación, acompañamiento, protocolos de actuación, herramientas de mediación y datos para tomar decisiones.
El séptimo hallazgo es que la evidencia debe ocupar un lugar central. Las decisiones sobre celulares, redes sociales y salud mental no deberían basarse solo en presión mediática, intuiciones o respuestas de coyuntura. Es necesario medir qué ocurre antes y después de cada regulación: atención, aprendizaje, clima de aula, bienestar subjetivo, convivencia, incidentes disciplinarios, asistencia, ciberacoso y percepción de docentes, estudiantes y familias. 

Recomendaciones MAPEA / Tramared

1. Pasar de la prohibición aislada a una gobernanza del bienestar digital: Las restricciones pueden formar parte de una estrategia, pero no deben confundirse con la estrategia completa. La política debe integrar salud mental, convivencia, ciudadanía digital, protección de datos, regulación de plataformas y corresponsabilidad adulta.
2. Construir normas claras, graduales y aplicables: Una norma viable debe explicar qué protege, a quién protege, cómo se implementa, qué excepciones contempla, qué responsabilidades tienen las plataformas, qué rol cumplen las familias y qué apoyo recibirán las escuelas. La viabilidad política depende menos de la dureza formal de la norma que de su legitimidad, capacidad de implementación y aceptación social. 
3. Fortalecer la autoridad escolar desde el cuidado: La autoridad no debe reconstruirse solo como sanción o prohibición, sino como capacidad institucional de orientar, cuidar, enseñar y sostener reglas comunes. La escuela debe poder decir “no” cuando corresponde, pero también debe enseñar por qué, para qué y bajo qué criterios se regula. 
4. Incorporar ciudadanía digital obligatoria: La escuela debe enseñar explícitamente contenidos vinculados con redes sociales, algoritmos, privacidad, huella digital, inteligencia artificial, ciberacoso, desinformación, comparación social, autocuidado, regulación emocional y convivencia en línea. 
5. Formar a docentes y equipos directivos: No hay gobernanza digital sin capacidades institucionales. Docentes y directivos necesitan herramientas para gestionar la atención, acompañar conflictos digitales, trabajar con familias, intervenir frente al ciberacoso y construir acuerdos escolares sostenibles. 
6. Diferenciar las políticas por edad y nivel educativo: No debería aplicarse la misma regulación en primaria, secundaria básica y secundaria superior. La autonomía progresiva de los estudiantes exige criterios diferenciados según edad, madurez, etapa evolutiva, objetivos pedagógicos y nivel de dependencia tecnológica. 
7. Regular también el ecosistema digital: La escuela no puede resolver sola problemas que exceden sus fronteras. El Estado debe avanzar sobre diseño seguro de plataformas, protección de datos, publicidad dirigida, verificación de edad, sistemas algorítmicos, mecanismos de denuncia y servicios digitales adecuados para niños y adolescentes. 
8. Monitorear el impacto de las políticas: Toda regulación debería incluir indicadores de seguimiento. Es necesario medir distracción, clima de aula, rendimiento, bienestar subjetivo, incidentes disciplinarios, convivencia, asistencia, ciberacoso y percepción de la comunidad educativa antes y después de la implementación. 
9. Evitar políticas exclusivamente punitivas: Cuando la regulación se implementa solo mediante sanciones puede aumentar el conflicto escolar, el uso clandestino o la resistencia institucional. La norma debe orientarse a construir hábitos, no solo a castigar incumplimientos.
10. Promover alianzas intersectoriales: La respuesta debe articular educación, salud mental, protección de derechos, familias, organizaciones sociales, organismos reguladores y empresas tecnológicas. Los problemas digitales son multicausales y requieren respuestas corresponsables.

Cierre ejecutivo

Los documentos analizados permite sostener una conclusión central: la salud mental en la era digital exige una política educativa integral, no una respuesta aislada. Los celulares, las redes sociales y los entornos digitales influyen en la atención, la convivencia, el bienestar subjetivo y la autoridad escolar, pero la prohibición generalizada no alcanza para resolver problemas que son pedagógicos, vinculares, tecnológicos, familiares y regulatorios.
Desde la perspectiva MAPEA / Tramared, el desafío es pasar de una política reactiva a una política de gobernanza digital. Esto implica regular cuando sea necesario, pero también enseñar, acompañar, formar, monitorear y producir evidencia. La escuela no debe quedar sola frente a plataformas diseñadas para capturar la atención y reorganizar la vida social de niños y adolescentes.
La clave no es elegir entre tecnología o escuela, sino construir condiciones para que el mundo digital no debilite el derecho a aprender, a convivir y a desarrollarse subjetivamente en entornos protegidos, críticos y humanizantes.