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Registro de propiedad intelectual título de propiedad de marca número 3415826 la resolución I.N.P.I. N° P-275/2019 que modifica la resolución I.N.P.I. N° P -123/1 en concordancia con la ley de firma digital nº 25.506.

ISSN 2796-9738

La docencia no necesita héroes: necesita políticas – docentes, formación y bienestar en la Argentina

Por: Mariana Schenone

Una lectura integrada a partir de Education at a Glance 2026 y la evidencia MAPEA–Tramared
Informe ejecutivo actualizado 2026

Hallazgo central
La evidencia comparada y argentina converge en una idea: la sostenibilidad de la enseñanza depende tanto de la formación y el compromiso profesional como de las condiciones institucionales que permiten ejercerlos. La escasez, la rotación, el ausentismo, el bajo reconocimiento y el desgaste no son problemas aislados; deben analizarse junto con el liderazgo, la autonomía profesional, la organización del trabajo y los apoyos disponibles.
La integración amplía el diagnóstico, pero no autoriza una inferencia causal única. Education at a Glance 2026 describe patrones comparados; los estudios argentinos aportan señales situadas; y la revisión de burnout identifica convergencias internacionales. Su lectura conjunta orienta prioridades de política e investigación, pero no permite estimar una prevalencia nacional de burnout ni atribuir resultados estudiantiles a un solo factor, la causa es multicausal y es una asociación que completa el entendimiento de la situación docente.

Síntesis ejecutiva

Education at a Glance 2026 sitúa la escasez docente en el centro de la agenda internacional y propone comprenderla como un fenómeno multidimensional. No se expresa solo en vacantes: también aparece en la contratación de personal no plenamente calificado, el ausentismo prolongado, el abandono temprano, el envejecimiento de las plantas y la concentración de dificultades en determinadas asignaturas y territorios. En el promedio de la OCDE, el 9,1 % de los docentes de primaria y secundaria no estaba plenamente calificado; el 6,4 % de los docentes calificados dejó la profesión en 2024/2025; aproximadamente una cuarta parte del profesorado de secundaria tenía 55 años o más; y el 27 % de los estudiantes asistía a escuelas donde el ausentismo docente afectaba, al menos en alguna medida, el aprendizaje (OECD, 2026).
El informe también registra una tensión entre sentido del trabajo y reconocimiento: el 85 % declara satisfacción laboral, pero solo el 22 % considera que la profesión es valorada socialmente. Este marco ayuda a interpretar la evidencia argentina reunida por MAPEA–Tramared: la formación inicial se concentra en institutos superiores, los incentivos de carrera inciden en las decisiones de capacitación y las investigaciones disponibles detectan señales de agotamiento que no pueden generalizarse a toda la población docente.
La conclusión es precisa: el conocimiento profesional necesita condiciones de ejercicio; el bienestar requiere intervenciones organizacionales además de apoyos individuales; y las instituciones necesitan información, recursos y márgenes responsables de decisión para sostener la enseñanza.

1. Alcance y criterios de lectura

El informe articula indicadores internacionales comparados de la OCDE, registros e investigaciones sobre la docencia argentina y una revisión de estudios sobre burnout publicados entre 2019 y 2025. Cada fuente cumple una función distinta y conserva sus propios límites de población, diseño y medición.

La lectura cualitativa no procede de entrevistas propias, es una análisis conceptual y teórico. Las experiencias y motivaciones docentes se formulan como hipótesis y preguntas, no como testimonios producidos por MAPEA. Tampoco se combinan porcentajes de muestras, niveles o momentos diferentes. La revisión de Marroquin-Alfaro et al. (2026), compuesta por 20 artículos, se utiliza para identificar convergencias, entender cuáles pueden ser las asociaciones pertinentes por investigar. 

2. Panorama comparado de la OCDE en 2026

2.1 Escasez docente y continuidad de la enseñanza
Una baja tasa de vacantes no equivale necesariamente a una ausencia de escasez. Un sistema puede mantener cubiertos sus cargos mediante docentes con formación incompleta, ampliación de cargas o soluciones transitorias. Por ejemplo, como cita el informe de la OCDE 2026: en Letonia y Luxemburgo, alrededor del 4 % de los cargos de secundaria estaba vacante al inicio de 2024/2025; en la mayoría de los demás países con datos, el valor era inferior al 3 %. Al mismo tiempo, el 9,1 % de los docentes de primaria y secundaria no reunía plenamente las calificaciones nacionales, y esa proporción superaba el 18 % en Chile, Dinamarca, Estonia y Alemania (OECD, 2026, pp 18 -21)

Figura 1. Indicadores de presión sobre la fuerza docente en la OCDE
Fuente: elaboración propia a partir de OECD (2026, pp. 18–24). Los indicadores tienen denominadores diferentes y no deben agregarse.

La distribución del problema importa tanto como su magnitud. Entre los 16 sistemas con información disponible, 11 informaron escasez de docentes de Matemática y Ciencias Naturales en secundaria. Las dificultades también se concentran en escuelas rurales, establecimientos socialmente desfavorecidos y regiones con menor capacidad para atraer profesionales. En promedio, el 6,4 % de los docentes plenamente calificados dejó la profesión; más de un tercio de las renuncias correspondió a educadores con menos de cinco años de experiencia. Esto convierte la inducción, la mentoría y la planificación del reemplazo generacional en asuntos centrales de equidad y continuidad.

2.2 Satisfacción y reconocimiento profesional

El malestar no puede reducirse a una pérdida general de sentido. El 85 % declara satisfacción con su trabajo y el 68 % con las condiciones laborales, excluido el salario. Sin embargo, solo el 39 % está satisfecho con la remuneración y el 22 % percibe que la profesión es valorada socialmente. La brecha sugiere que la identidad profesional puede sostenerse aún bajo condiciones que debilitan la permanencia y la autoridad social del oficio.

Figura 2. Satisfacción y reconocimiento profesional docente
Fuente: elaboración propia a partir de OECD (2026, pp. 18 y 23).

El salario es relevante, pero no suficiente. También intervienen el apoyo directivo, la autonomía profesional, el clima escolar, las relaciones con estudiantes y familias y las oportunidades de desarrollo. Este patrón ofrece un puente con el análisis del burnout: el desgaste surge de la relación entre demandas laborales y recursos organizacionales, no solo de características personales.

2.3 Trayectorias, empleo y organización institucional

En la OCDE, la proporción de jóvenes de 25 a 34 años sin secundaria superior descendió del 17 % en 2015 al 12 % en 2025. Aun así, el 14 % de las personas de 18 a 24 años no estudiaba, trabajaba ni participaba en formación. En Argentina, el 31 % de la población de 25 a 64 años tenía un nivel inferior a la secundaria superior, el 45 % había alcanzado ese nivel y el 23 % contaba con educación superior.

Figura 3. Máximo nivel educativo alcanzado en Argentina
Fuente: elaboración propia a partir de OECD (2026, tabla A1.1). Población de 25 a 64 años.

Entre jóvenes argentinos de 25 a 34 años, el rezago afecta más a los varones: el 30 % no había completado la secundaria superior, frente al 22 % de las mujeres; y el 14 % había alcanzado educación superior, frente al 20 % de las mujeres.

Figura 4. Brechas educativas entre jóvenes argentinos
Fuente: elaboración propia a partir de OECD (2026, tabla A1.2). Población de 25 a 34 años

Las tasas de empleo alcanzan el 69 % entre quienes no completaron la secundaria superior, el 77 % entre quienes la completaron y el 88 % entre quienes finalizaron estudios superiores. La relación es descriptiva y no prueba que la titulación produzca por sí sola el empleo.

Figura 5. Tasa de empleo en Argentina según nivel educativo
Fuente: elaboración propia a partir de OECD (2026, tabla A3.1). Población de 25 a 64 años.

Entre 2015 y 2024, la cantidad de instituciones de secundaria básica disminuyó alrededor de un 0,10 % anual mientras la población estudiantil correspondiente aumentó un 0,96 % anual. Las secundarias reciben, en promedio, 64 estudiantes por grado, frente a 34 en primaria. En 2023, los países de la OCDE destinaron a educación el 9,8 % del gasto público y el equivalente al 4,2 % del PIB; el promedio fue de USD 13.859 por estudiante en instituciones públicas y el 66 % del gasto institucional correspondió a remuneraciones. Estos datos requieren mirar no solo cuánto se invierte, sino dónde, para qué y con qué seguimiento.

2.4 Transición demográfica y planificación

La población de 5 a 14 años podría disminuir cerca de un 9 % en la OCDE entre 2024 y 2033; para Argentina, la reducción proyectada se aproxima al 28 %. El descenso no elimina automáticamente las necesidades docentes. Puede abrir una oportunidad para fortalecer la inclusión, reducir grupos o estabilizar equipos, pero también plantea dilemas sobre ruralidad, distribución territorial y sostenimiento de escuelas. La transición debe planificarse pedagógicamente, no asumirse como ajuste automático.

3. Evidencia argentina MAPEA–Tramared

3.1 Composición del personal educativo
La primera etapa del ReNPE 2025 registró 1.286.645 personas: 1.133.448 en función docente, 132.236 en función no docente y 20.961 en ambas. Son personas, no cargos ni horas cátedra, y no equivalen exclusivamente a docentes frente a curso. Para planificar se necesita conocer además cómo se distribuyen las funciones y dedicaciones entre instituciones y territorios.

Figura 6. Composición del personal educativo argentino
Fuente: elaboración propia a partir de Secretaría de Educación (2025, p. 14). Datos provisorios

 

3.2 Formación inicial y desarrollo profesional

Entre los docentes de sexto grado relevados por Aprender 2025, el 95,6 % realizó su formación inicial en institutos superiores, el 2,7 % en universidades y el 1,7 % en otras instituciones (Veleda et al., 2026). El indicador identifica el origen institucional, pero no mide calidad ni habilita una jerarquía automática entre trayectos.

Figura 7. Institución de formación inicial de docentes de sexto grado
Fuente: elaboración propia a partir de Veleda et al. (2026), con datos de Aprender 2025.

La pregunta pedagógica es qué oportunidades ofrece cada experiencia para aprender a planificar, enseñar, evaluar, interpretar dificultades y revisar la práctica. Esto incluye formación inicial, actualización, posgrados y aprendizaje entre colegas.

3.3 Reconocimiento e incentivos

Veleda et al. (2026) recuperan un antecedente según el cual el 49 % de los docentes con hasta cinco años de antigüedad menciona el aumento del puntaje como motivación para capacitarse. Buscar puntaje no demuestra desinterés: puede ser una estrategia para mejorar la posición laboral. La cuestión es si el reconocimiento premia experiencias pertinentes y ofrece condiciones para transferir lo aprendido a la práctica.
MAPEA distingue tres dimensiones del reconocimiento: académica, vinculada con títulos y formación; profesional, referida al conocimiento construido en la práctica; e institucional y material, relacionada con tiempos, recursos, participación y oportunidades para asumir responsabilidades. La revisión sobre burnout refuerza esta perspectiva: el bajo reconocimiento, la inequidad laboral, la autonomía limitada y el desequilibrio entre demandas y recursos aparecen asociados al desgaste.

3.4 Bienestar y burnout

Pujol-Cols (2021) analizó una muestra no probabilística de 423 docentes argentinos. Informó agotamiento emocional alto en el 65,6 % del grupo de nivel primario, el 63,1 % del secundario y el 25,1 % del universitario. Las diferencias no prueban que el nivel educativo cause agotamiento ni permiten estimar una prevalencia nacional. El estudio también registró una exposición alta a ineficacia profesional considerablemente menor: sentirse agotado no equivale necesariamente a considerarse incapaz de enseñar.

Figura 8. Agotamiento emocional alto según nivel educativo
Fuente: elaboración propia a partir de Pujol-Cols (2021, tabla 5). Muestra no representa prevalencia nacional

Domínguez (2020) estudió a 30 docentes mujeres de nivel inicial de escuelas públicas del Distrito Escolar 9 de CABA. El relevamiento se realizó en febrero de 2019, antes de la presencia de los niños. Tres presentaron agotamiento alto, ninguna despersonalización alta y cuatro realizaciones personales bajas. El perfil predominantemente favorable no demuestra ausencia de riesgo ni puede generalizarse. Ambos estudios examinan muestras, niveles y momentos distintos; por eso no se contradicen y requieren una lectura situada.

 

3.5 Aporte y límites de la revisión 2019–2025

Marroquin-Alfaro et al. (2026) revisaron 20 estudios, predominantemente cuantitativos y transversales. La convergencia más relevante es que los recursos personales operan dentro de contextos organizacionales: resiliencia, autoeficacia o regulación emocional pueden proteger, pero no deben convertirse en exigencias para tolerar sobrecargas evitables.

La revisión no permite estimar cuántos docentes argentinos presentan burnout, ni demostrar que una intervención única produzca mejoras sostenidas ni atribuir directamente que los resultados de aprendizaje se deben al bienestar docente. Tampoco permite separar plenamente los efectos pospandemia de problemas estructurales. El problema parece existir antes de la pandemia en función a los datos obtenidos del estudio de Pujol – Cols 2021

4. Lectura integrada

4.1 De los indicadores a los mecanismos institucionales
La OCDE amplía el encuadre del informe argentino. El desgaste debe leerse dentro de una fuerza laboral sometida a presiones de calificación, continuidad, envejecimiento y distribución desigual. La distancia entre satisfacción y reconocimiento sugiere que el compromiso puede coexistir con condiciones que amenazan la permanencia. Además, la concentración de la escasez en ciertos territorios y disciplinas obliga a evitar promedios que oculten desigualdades.
Argentina conoce la composición general del personal y algunos rasgos de la formación, pero carece de series comparables sobre vacantes, calificación, ausentismo prolongado, abandono, rotación por institución y distribución territorial. Este vacío no debe llenarse con cifras internacionales ni muestras de conveniencia: constituye, en sí mismo, un hallazgo de política pública.

4.2 Formación, autonomía y bienestar

La formación aporta conocimientos, pero su utilización depende de las oportunidades del trabajo cotidiano. El tiempo protegido, la colaboración, el liderazgo, la participación en decisiones y el acompañamiento inicial determinan si lo aprendido se convierte en práctica sostenida. La autonomía profesional no significa dejar al docente solo: supone reconocer capacidad de juicio dentro de propósitos comunes, con recursos, apoyo y responsabilidad por las consecuencias.

La autonomía limitada aparece en la revisión de burnout como una carencia organizacional, mientras la OCDE la incluye entre las condiciones asociadas con satisfacción y permanencia. Esta convergencia no demuestra causalidad, pero fundamenta una hipótesis: cuando los docentes participan en decisiones pedagógicas relevantes y cuentan con apoyos para ejercerlas, aumenta la posibilidad de sostener el trabajo sin convertir el compromiso en compensación permanente de déficits estructurales.

4.3 Matriz para orientar decisiones

5. Prioridades de mejora

Las acciones deben combinar mejoras universales de organización y clima con apoyos focalizados y confidenciales para quienes presenten señales de riesgo. El seguimiento no debe utilizarse para etiquetar, sancionar ni construir rankings de escuelas o docentes, debería ser entendido como una oportunidad para diseñar políticas en sintonía a la necesidad en pos de la mejora.

 

6. Una posible agenda de investigación

•    Construir una línea de base nacional o jurisdiccional con muestras representativas y desagregaciones por nivel, territorio, modalidad, antigüedad y condiciones socioeducativas.
•    Seguir a los mismos equipos en distintos momentos del ciclo escolar para distinguir fluctuaciones y desgaste persistente.
•    Combinar escalas validadas con entrevistas, observación del trabajo y análisis institucional.
•    Medir simultáneamente demandas, recursos, reconocimiento, apoyos, autonomía, formación y prácticas.
•    Evaluar intervenciones organizacionales y apoyos individuales con diseños que estimen procesos, resultados y efectos no deseados.
•    Continuar con la investigación del ámbito de la ruralidad, la educación especial, nivel inicial, modalidades y territorios vulnerables sin generalizar desde muestras de conveniencia.
•    Aprovechar la transición demográfica para estudiar redistribución de recursos, tamaño de grupos y estabilidad de equipos.

7. Conclusiones

El panorama comparado confirma que la política docente debe mirar simultáneamente disponibilidad, calificación, distribución, continuidad y reconocimiento. La satisfacción con el trabajo no neutraliza la baja valoración social, la insatisfacción salarial ni las presiones organizacionales. Tampoco una planta formalmente cubierta garantiza continuidad si existen ausencias prolongadas, rotación o contratación de personal sin calificación plena.
En Argentina, la evidencia identifica la escala del personal, la centralidad de los institutos superiores en la formación y señales de agotamiento en muestras específicas. Sin embargo, todavía no existe un sistema integrado que permita conocer la magnitud y distribución nacional de vacantes, ausentismo, abandono y burnout. La prioridad es producir información válida, comparable y longitudinal, sin extrapolar resultados parciales.
El bienestar docente es una condición de sostenibilidad institucional, pero no una responsabilidad individual aislada. Las estrategias personales deben acompañarse con decisiones sobre organización, liderazgo, participación, tiempos, recursos y apoyo. Así, la autonomía profesional puede convertirse en capacidad responsable para sostener la enseñanza, y no en una transferencia silenciosa de problemas hacia docentes y escuelas.

Fortalecer la profesión docente exige pasar del reconocimiento simbólico a una política real y sostenida. No alcanza con otorgar premios, multiplicar homenajes o llamar “héroes” a quienes sostienen cotidianamente la enseñanza: esas expresiones pueden funcionar como una compensación discursiva cuando no están acompañadas por condiciones laborales dignas, autonomía profesional, desarrollo de carrera y participación efectiva en las decisiones educativas. Reconocer a los docentes implica asumir, mediante políticas concretas, que su tarea constituye una función pública imprescindible para el presente y el futuro de toda sociedad.