
Bienestar y convivencia: escenarios y contextos
Por: Mariana Schenone - Daniel Etchepare
Resumen ejecutivo:
En la Argentina actual, bienestar, convivencia y aprendizaje constituyen dimensiones interdependientes de un mismo problema de política educativa. Los datos de Aprender 2024, el informe de Argentinos por la Educación (2026), OCDE (2023), PISA 2022/2026, ERCE-UNESCO (2024) y BID (2025) muestran que el malestar subjetivo, la discriminación, el ausentismo y la fragilidad de las habilidades socioemocionales inciden directamente en las trayectorias escolares y en la calidad de los aprendizajes.
La Ley 26.892 (2013) estableció un cambio de paradigma al priorizar el cuidado, la participación y la reparación sobre el castigo. Sin embargo, persiste una brecha significativa entre el marco normativo y su implementación efectiva. El presente informe sostiene que el bienestar no es un aspecto complementario, sino una condición estructural para una educación de calidad y equidad.
Introducción: Presentación del problema (marco teórico)
El bienestar escolar, el clima institucional y la convivencia remiten al conjunto de condiciones subjetivas, vinculares, normativas e institucionales que hacen posible enseñar y aprender en un marco de cuidado, pertenencia y reconocimiento. No se trata de una dimensión accesoria, sino de una condición estructural de la calidad y la equidad educativa: cuando se debilitan los vínculos, aumenta el malestar, se resiente el sentido de pertenencia y se vuelven más frágiles los aprendizajes y las trayectorias. En esta línea, el informe asume una perspectiva multidimensional e interdisciplinaria, porque los problemas actuales de la escuela —salud mental, ausentismo, discriminación, conflictividad, debilidad de los apoyos institucionales y desigualdad en los recursos— no pueden explicarse desde una sola causa ni resolverse con una única intervención.
Narodowski, en Un mundo sin adultos (2016), refleja la crisis del rol del adulto como autoridad, como referencia simbólica, normativa y pedagógica. El desafío no consiste en solo volver a formas punitivas del pasado, sino en reconstruir una autoridad legítima capaz de sostener simultáneamente cuidado, sentido y exigencia.
Una mirada estratégica sobre bienestar y convivencia exige priorizar dos planos inseparables: por un lado, el tema disciplinar, entendido como la necesidad de reglas claras, adultos presentes y marcos institucionales consistentes; pero para lograr la meta es necesario fortalecer los recursos: en salud mental, acompañamiento y la disciplina, el derecho al no, el derecho al límite.
La escuela no puede ni debe quedar sola frente a estas problemáticas que exceden su capacidad de respuesta, por eso es ineludible reconstruir la alianza familia - escuela.
El objetivo del enfoque MAPEA radica, precisamente, en articular estas dimensiones para pensar el problema como una cuestión compleja de política pública y no como una suma de episodios aislados.
1. El bienestar y convivencia como condición estructural
La escuela moderna surgió para formar ciudadanos, transmitir valores y garantizar el acceso al conocimiento. En la actualidad enfrenta una crisis de autoridad, legitimidad y sentido: se ha debilitado la alianza familia-escuela, los docentes operan con recursos limitados y los equipos directivos se ven sobrecargados por tareas burocráticas. En este contexto, el bienestar y convivencia deja de ser un tema periférico y pasa a ocupar un lugar central en el análisis educativo.
Sin condiciones subjetivas, vinculares e institucionales favorables, resulta imposible sostener aprendizajes de calidad y trayectorias equitativas. Ignorar estas dimensiones implica trabajar únicamente sobre efectos, sin intervenir en las causas estructurales.
2. El marco normativo: Ley 26.892
La Ley 26.892 introdujo un giro paradigmático al desplazar el enfoque disciplinario-punitivo hacia uno basado en el cuidado, la inclusión, la participación y la reparación. Reconoció la convivencia como responsabilidad pública del sistema educativo y estableció principios clave: respeto a la dignidad, rechazo a toda forma de discriminación, derecho de los estudiantes a ser escuchados y sanciones con sentido formativo.
La norma es clara. El desafío radica en su implementación desigual, el monitoreo insuficiente y la falta de traducción sostenida en políticas públicas con recursos y capacidad institucional.
3. Evidencia empírica: malestar, discriminación y ausentismo
Los datos de Aprender 2026 revelan un panorama crítico en secundaria:
• 86,2 % de los estudiantes reporta cansancio, falta de energía y agotamiento;
• 65,5 % manifiesta dolores de cabeza y dificultades de concentración;
• más del 50 % presenta problemas para conciliar el sueño, con brecha de género sistemática en detrimento de las mujeres.
Los directivos identifican problemas de salud mental en el 76,2 % de los casos. En convivencia, el 43,3 % de los estudiantes presenció agresiones y el 44 % reportó discriminación (por aspecto físico, rendimiento o gustos personales).
El ausentismo constituye una señal particularmente elocuente: entre 2022 y 2024, el porcentaje de estudiantes con 15 o más faltas aumentó del 44 % al 51 % en las 24 jurisdicciones. El motivo más citado después de “problemas de salud propios” (62 %) y el 39% es “no tenía ganas de ir a la escuela”, cifra que asciende al 49 % en escuelas privadas. Este dato subraya el debilitamiento del sentido de pertenencia y la pérdida de capacidad convocante de la institución escolar. (Argentinos por la educación 2026)
4. Impacto en los aprendizajes y las trayectorias
La evidencia internacional refuerza la interdependencia entre bienestar y resultados educativos.
Según la OCDE (2023), los estudiantes con malestar mental presentan un 35 % más de probabilidades de repetir grado.
En PISA 2022, Argentina registra una brecha de 67 puntos en Matemática según el sentido de pertenencia escolar (equivalente a aproximadamente 1,7 años de escolaridad), y el 26 % de los estudiantes se declara “dejado de lado”, por encima del promedio OCDE.
Los resultados del ERCE postpandemia (UNESCO, 2024) muestran recuperación parcial en aprendizajes, pero persistencia de brechas en habilidades socioemocionales (empatía, autorregulación y cooperación), que actúan como factores protectores frente al ausentismo y la desvinculación. El BID (2025) confirma que la secundaria es el nivel más vulnerable y que el ausentismo y la falta de pertenencia operan como principales rompedores de trayectorias.
5. Lo que agrega PISA 2026: de la medición a la mejora
Los aportes de PISA in Focus 2026: Empowering schools’ improvement son especialmente relevantes. El documento muestra que la mejora significativa ocurre cuando las escuelas reciben datos de calidad, los interpretan colectivamente y cuentan con desarrollo profesional, autonomía y apoyo sistémico. Cerca del 85 % de las escuelas participantes consideró que PISA para Escuelas actuó como catalizador de cambios en currículo, prácticas pedagógicas y desarrollo profesional; el 40 % implementó programas específicos de bienestar y equidad; y el 30 % fortaleció redes entre escuelas. Para Argentina esto significa algo concreto que podemos interpretar y sumar: los datos de Aprender, convivencia y ausentismo no pueden quedar solo en diagnósticos nacionales. Deben alimentar espacios institucionales de análisis, revisión pedagógica y toma de decisiones colectivas.
6. Brechas de implementación
Se seleccionan estos datos porque permiten construir una visión integral del estado de la implementación de las políticas de convivencia y orientación escolar, combinando cuatro dimensiones clave:
• Capacidad instalada: muestran el nivel de recursos disponibles (equipos, cargos, profesionales).
• Tipo de intervención: evidencian que las acciones son mayormente reactivas, no preventivas.
• Vacíos de monitoreo: la falta de informes y registros sistemáticos revela debilidades en la gobernanza y seguimiento.
• Magnitud del problema: indicadores como bullying (18%) y abandono (15,9%) justifican la necesidad de fortalecer el acompañamiento especializado.
En conjunto, estos datos permiten no solo describir la situación, sino identificar brechas entre normativa, implementación y resultados, y refuerza que persisten desigualdades estructurales:
• Cobertura territorial desigual de los Equipos de Orientación Escolar (EOE) no hay relevamiento a nivel nacional y los gabinetes psicopedagógicos con regiones donde el 70-90 % de las escuelas carece de estos dispositivos. (F. Fiel 2023)
• Intervenciones predominantemente reactivas, aunque el 60 % de los directivos dedica tiempo diario a la convivencia. (Aprender 2026)
• No hay registros claros en infraestructura, en cuanto a equipos de orientación escolar, gabinetes psicopedagógicos. La meta federal es que cada una de estas instituciones cuente con acompañamiento especializado para abordar problemáticas como el bullying (que afecta habitualmente al 18% de los alumnos) o la deserción escolar (con una tasa de abandono del 15.9% en el último año de secundaria). (SITEAL- RA, 2024)
La selección responde a un criterio de representatividad y diversidad del sistema educativo argentino, permitiendo comparar distintos modelos de implementación:
• Provincia de Buenos Aires: Caso de alta escala y expansión de recursos (mayor despliegue de equipos). Permite analizar desafíos de implementación en sistemas masivos. (Portal ABC, 2021)
• Ciudad de Buenos Aires (CABA): Caso de organización institucional diferenciada y más estructurada (equipos por distrito y nivel). Permite observar modelos de gestión más centralizados. (BA2023)
• Salta: Caso representativo de contextos con mayores restricciones estructurales, pero con desarrollo de equipos interdisciplinarios. Permite analizar brechas de cobertura y equidad territorial. (Edusalta, 2024)
En conjunto, estas jurisdicciones según lo que ellas reportan, permiten analizar el sistema en tres escenarios:
• Alta escala (PBA)
• Alta institucionalización (CABA)
• Mayor vulnerabilidad relativa (Salta)
Para cerrar esta sección se buscó la combinación de estos datos y jurisdicciones permite comprender cómo se implementan las políticas en contextos diversos, identificar desigualdades territoriales y fundamentar la necesidad de fortalecer el enfoque preventivo, el monitoreo y la equidad en la distribución de recursos. Estas brechas revelan una paradoja: existe norma y evidencia, pero aún no se ha consolidado una política pública articulada, robusta y suficientemente financiada.
Cierre:
El análisis desarrollado a lo largo del informe permite sostener que el bienestar escolar y la convivencia deben ser comprendidos no como dimensiones periféricas, sino como condiciones estructurales de posibilidad del aprendizaje y de la propia institucionalidad escolar. En este sentido, los datos relevados —malestar subjetivo, discriminación, ausentismo, fragilidad de las habilidades socioemocionales, desigualdad en la cobertura de los Equipos de Orientación Escolar y brechas en la implementación normativa— no remiten a problemas fragmentados, sino que configuran un entramado de fenómenos interdependientes que expresan una tensión más profunda en la capacidad del sistema educativo para sostener condiciones de enseñanza y aprendizaje en contextos crecientemente complejos.
El hallazgo estratégico de MAPEA se inscribe precisamente en esta clave interpretativa: lejos de introducir una lectura exógena, opera como instancia de articulación y elevación analítica de la evidencia empírica, permitiendo reconfigurar el problema desde una perspectiva sistémica. Así, se evidencia que las respuestas centradas en intervenciones aisladas o de carácter reactivo resultan estructuralmente limitadas, en tanto no logran incidir sobre los factores que organizan el funcionamiento cotidiano de las escuelas ni sobre las condiciones institucionales que median entre la política y la práctica.
La incorporación de evidencia comparada refuerza este argumento al mostrar que los sistemas educativos logran traducir información en mejora únicamente cuando esta es institucionalmente procesada, colectivamente interpretada y pedagógicamente apropiada. De allí se desprende que el desafío no radica exclusivamente en la disponibilidad de datos, sino en la construcción de una política de uso de la evidencia que habilite procesos de toma de decisión situados y sostenidos en el tiempo.
En este marco, MAPEA propone —de manera implícita— un desplazamiento analítico relevante: del enfoque centrado en la intervención sobre síntomas hacia una perspectiva orientada a la reconfiguración de las capacidades institucionales del sistema educativo. Esto implica integrar recursos especializados, fortalecer el liderazgo escolar, promover la articulación intersectorial —particularmente con el campo de la salud mental— y ampliar los márgenes de autonomía escolar en el marco de regulaciones comunes.
Finalmente, la centralidad otorgada a la convivencia y al bienestar permite también releer la problemática en clave de autoridad pedagógica. La crisis de estos aspectos no puede disociarse de un debilitamiento de las referencias normativas, simbólicas y vinculares que estructuran la experiencia escolar. En este sentido, la reconstrucción de una autoridad pedagógica legítima —capaz de articular cuidado, sentido y exigencia— emerge como condición necesaria para sostener procesos educativos significativos.
En suma, se busca desde el informe no solo describe una problemática vigente y de alta relevancia en la agenda educativa, sino que contribuye a redefinir su estatuto analítico y político, posicionando al bienestar y la convivencia como dimensiones constitutivas de una política educativa orientada a la calidad, la equidad y la cohesión social.
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